2.16.2013

EL RETRATO LITERARIO


En cualquier narración es prácticamente inexcusable el retrato de los personajes, ya sea una prosopografía (retrato físico) o una etopeya (retrato psíquico). O, bien, una mezcla de ambas.

Pongo aquí unos cuantos ejemplos tomados de la Historia de la Literatura para que nos sirvan de modelo:
Sabéis que de Don Miguel de Cervantes Saavedra no existe un retrato pictórico. El único es literario y es un autorretrato que se hizo él mismo. Helo aquí:
"Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha , y del que hizo el Viaje del Parnaso , a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria".
Miguel de Cervantes Saavedra


El siguiente conocidísimo soneto lo dedicó Francisco de Quevedo a su amigo Luis de Góngora

SONETO

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.
Francisco de Quevedo


Genial el retrato que el mismo Quevedo hace del Dómine Cabra en su novela “El buscón”

RETRATO DEL DÓMINE CABRA
Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, los ojos avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos, tan hundidos y oscuros que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz, de cuerpo de santo, comido el pico, entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que aun no fueron de vicio porque cuestan dinero; las barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que de pura hambre parecía que amenazaba a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate largo como de avestruz, con una nuez tan salida que parecía se iba a buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de medio abajo parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas. Su andar muy espacioso; si se descomponía algo, le sonaban los huesos como tablillas de San Lázaro. La habla ética, la barba grande, que nunca se la cortaba por no gastar, y él decía que era tanto el asco que le daba ver la mano del barbero por su cara, que antes se dejaría matar que tal permitiese. Cortábale los cabellos un muchacho de nosotros. Traía un bonete los días de sol ratonado con mil gateras y guarniciones de grasa; era de cosa que fue paño, con los fondos en caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca parecía negra y desde lejos entre azul. Llevábala sin ceñidor; no traía cuello ni puños. Parecía, con esto y los cabellos largos y la sotana y el bonetón, teatino lanudo. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él. Conjuraba los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba. La cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado por no gastar las sábanas. Al fin, él era archipobre y protomiseria.
Francisco de Quevedo

Aquí un breve retrato de un personaje borgiano:
“Tichborne era un esbelto caballero de aire envainado, con los rasgos agudos, la tez morena, el pelo negro y lacio, los ojos vivos y la palabra de una precisión ya molesta; Orton era un palurdo desbordante, de vasto abdomen, rasgos de una infinita vaguedad, cutis que tiraba a pecoso, pelo ensortijado castaño, ojos dormilones y conversación ausente o borrosa”.
Jorge Luis Borges


Ahora es Julia, Personaje de “La saga /fuga de J.B.” de Gonzalo Torrente Ballester, la retratada:
“Y quizá sea éste el momento y lugar adecuados para insertar un retrato de Julia, de cuyo rostro, hasta ahora, sólo se han hecho escasas y fugaces precisiones, cuando otra cosa merecen su frente, un poquito respingona, que daba gracia al conjunto, ahora algo triste; los ojos de rosa sobre fondo mate, ojos alabastrinos surcados de azules venas; las orejas oscuras y brillantes, convidando a libar en ellas las mieles primeras del amor; la nariz espaciosa, con una breve arruga vertical, dramática como si dijéramos; la boca endrina y fosca, con la suave y brillante pelusilla del melocotón maduro; las mejillas inteligentes, espabiladas, decididas; los pómulos, rojos y gordezuelos; el pelo, con rosados matices de nácar; la barbilla, larga y oscura, que cuando se levantaba salía el sol, aunque en plural; el cuello, partido por un hoyuelo que se ofrecía fragante como depósito de besos, ylas pestañas redonditas, con mucho de garza en la esbeltez. Esto era cuanto mostraba Julia de su belleza, porque, al cerrar los ojos, las perlas de sus dientes no podían desgranarse”.
Gonzalo Torrente Ballester


Azorín retrata a Eugenio D’Ors
“A seiscientos treinta metros de altura, en esta altiplanicie castellana, ante este paisaje austeramente noble, hemos conocido —y con él cordialmente hemos charlado— a un hombre que venía de las doradas riberas del Mediterráneo. Era un joven alto, trajeado con aliño y sin atuendo; su musculatura destacaba proporcionada; en la placidez de su cara brillaba una mirada inteligente. Ni era presuroso en el ademán, ni locuaz. Su voz sonaba levemente; a menudo, los finales de sus frases —opacas, tenues— se perdían en una a manera de penumbra. Tras de lo dicho con brevedad, flotaba como un ambiente de meditación y de recogimiento. Cuando hacía una observación, se veía en la palabra sucinta, en la reflexión rápida, el trabajo recopilador de una copiosa lectura. Hay hombres que atraen y hechizan más —o, por lo menos, tanto— por sus silencios como por sus palabras. Este joven que subía a la altiplanicie castellana desde el piélago azul era uno de ellos. En su presencia estábamos, no ante un hombre que habla, sino ante un hombre que medita”.

Retrato de Eugenio D’Ors por Azorín


Y aquí el retrato que Michael Ende hace de Momo en la novela del mismo nombre:
"En verdad, el aspecto externo de Momo era un poco extraño y tal vez podía asustar algo a la gente que da mucha importancia al aseo y al orden. Era pequeña y bastante flaca, de modo que ni con la mejor voluntad se podía decir si tenía ocho años o ya doce. Tenía el pelo muy ensortijado, negro como la pez, y parecía no haberse enfrentado nunca a un peine o unas tijeras. Tenía unos ojos muy grandes, muy hermosos y también negros como la pez y unos pies del mismo color, pues casi siempre iba descalza".
Michael Ende


CÓMO CARACTERIZAR A UN PERSONAJE
1.- Realiza un inventario físico de tu personaje
2.- Acumula datos psicológicos del protagonista vinculados a la historia que deseas contar
3.- En un papel en blanco traza dos líneas, una horizontal y otra vertical
4.- En la línea vertical, enuncia sustantivos y adjetivos que dibujen la anatomía del personaje
5.- En la línea horizontal, verbos y adjetivos que definan su personalidad
6.- Encuentra un punto de intersección entre ambas líneas que resuman al personaje
7.- Con esas premisas, sintetiza en una frase y párrafo y caracteriza a tu personaje exaltando esa parte de su físico que se vincula con su personalidad.

Con estos datos, haced un retrato literario de algún amigo, conocido, personaje famoso o autorretrato. Esta vez, como en otras anteriores, en forma de comentario a este post en el blog.

Saludos cordiales a todos y todas y un buen y fértil trabajo.

Félix Morales Prado


15 comentarios:

  1. Finalmente conocí a mi padre, después de muchos años de vivir bajo con él. Y es que fue ahí, junto al mar, donde vi su ser auténtico, sin filtros. Un metro ochenta de cuerpo moreno, antaño musculoso, ahora con los primeros signos de la vejez. Cabello lacio que escasea, barba abundante, arrugas primerizas, ojos café colmados de vivencias. Las manos gruesas, fuertes, callosas, memoria fiel de una vida de trabajo en la campiña. Es un coloso, ahora lo sé, que hoy que comienza a derrumbarse. La fuerza de su espalda ahora es un mito hermoso que se disuelve entre las olas.

    Vicente Javier Varas Bucio. @elchen00

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    1. Finalmente conocí a mi padre, después de muchos años de vivir con él. Y es que fue ahí, junto al mar, donde vi su ser auténtico, sin filtros. Un metro ochenta de cuerpo moreno, antaño musculoso, ahora con los primeros signos de la vejez. Cabello lacio que escasea, barba abundante, arrugas primerizas, ojos café colmados de vivencias. Las manos gruesas, fuertes, callosas, memoria fiel de una vida de trabajo en la campiña. Es un coloso, ahora lo sé, que hoy que comienza a derrumbarse. La fuerza de su espalda ahora es un mito hermoso que se disuelve entre las olas.

      Vicente Javier Varas Bucio. @elchen00

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    2. Publiqué como respuesta la corrección, ya que sobraba la palabra "bajo" en la primera línea. Gracias.
      Vicente Javier Vars Bucio. @elchen00

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  2. Esandrau tenia el aspecto del típico niño caucásico, su piel casi pálida, cual lienzo en blanco, encerraba una colección de historias vividas, mixtura de logros y derrotas, sus ojos rasgados de un café claro, que al besarlos el sol, reflejaban una profunda tristeza, como si aprisionaban un agudo dolor, contrastaban raramente con su voz siempre alegre, vivaz, capaz de transmitir la dulzura que se ocultaba en sus pequeños labios rojos.
    Caminaba siempre altivo por las calles soleadas del pueblo, con paso tan veloz que parecía que se le agotaba el tiempo para vivir, nunca jugaba a la pelota con sus piernas fuertes y robustas, no tenia tiempo de ser niño, sus manos pequeñas y recias hablaban de su vida difícil, podía reír y en un fragmento de tiempo llorar.
    Siempre solo, balbuceando su música, soñaba con cantar en un gran escenario y arrancar de el público ovaciones y aplausos mientras el agitaba su indómito cabello castaño claro.
    Esandrau era un niño hombre, a su corta edad tenia que enfrentar las dificultades de un hombre maduro, el ermitaño le apodaban los niños del barrio.
    A menudo se sentaba bajo el puente sobre una piedra a quejarse de sus desventuras que más tarde se volvían hermosas aventuras.

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  3. Niño travieso de ojos grandes y negros, mirada alegre que contagia y risa hilarante que llena cada rincón de la casa cuando sube y baja las escaleras de manera veloz con los pequeños pies descalzos, apoyando sus fuertes manos en la pared, pero hay algo que contrasta con todo lo anterior y son sus dientes: chicos y débiles a la espera de mudar cuando alcance los tres años.

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  4. LA MALA DE LA PELÍCULA
    Es fácil entender por qué sólo le ofrecen papeles de mala a Karen Gilbert. La piel aceituna encaja a modo de puzzle con el agrio carácter. La actríz secundaria Karen y su voz de trueno, reniegan de su nombre. Lamala, a secas, es la denominación de origen.
    De ojos de pescadito, cabello azafranado, cejas extrafinas, pestañas despobladas, minúsculas orejas, naríz gibosa, labios cuarteados. Un pomposo perfume envuelve todo su anatomía con una buena dosis de empacho ajeno.
    Pero no todo en Lamala es hostil. Su irresistible atractivo reside en el cuerpo de gacela. En las manos de artista. En sus soberbias interpretaciones. En su mente prodigiosa.

    @MiniFicci

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    1. LA MALA DE LA PELÍCULA

      Es fácil entender por qué sólo le ofrecen papeles de mala a Karen Gilbert. La piel aceituna encaja a modo de puzzle con el agrio carácter. La actríz secundaria Karen y su voz de trueno, reniegan de su nombre. Lamala, a secas, es la denominación de origen.
      De ojos de pescadito, cabello azafranado, cejas extrafinas, pestañas despobladas, minúsculas orejas, naríz gibosa, labios cuarteados. Un pomposo perfume envuelve toda su anatomía con una buena dosis de empacho ajeno.
      Pero no todo en Lamala es hostil. Su irresistible atractivo reside en el cuerpo de gacela. En las manos de artista. En sus soberbias interpretaciones. En su mente prodigiosa.

      @MiniFicci

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  5. Tenía los rasgos fuertes, haciendo gala a su nombre: Valentina. Ojos negros de profundos secretos, como mirar a través de los túneles de un misterio añejo; cuello alargado que acentuaba su actitud de diva. Valentina de pies pequeños y pesada vida, de complejos marcados como las líneas de expresión alrededor de su boca, de lengua altiva, de vientre plano, de ideas dañinas y manos finas.
    Valentina la mujer del vestir impecable, de voz ronca y capaz de hacer eco por días en la rutina de los otros: ésa, ella... Gata de tejado oficinista.

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  6. La abuela es una esbelta y lacia mujer en la que el paso del tiempo ha dejado delicados surcos.Su pelo escondido debajo de su negro pañuelo todavía muestra rebeldía y se asoma inquieto por la frente.Tiene los ojos negros y almendrados,que aunque fugitivos lucen intensos;su nariz chata realza las caídas mejillas.Los labios desdibujados lucen una sonrisa hermética y atolondrada que sirve de mecanismo para dar expresión a las cejas.Su cuerpo delgado y frágil pasa desapercibido por la importancia que representan las manos blancas y cálidas;cuando las cruza sobre el pecho le proporcionan al conjunto una generosidad discreta y elegante.Su carácter es un lago en el que se pierde su memoria,pero acaso, "¿no es la memoria la inteligencia de los tontos"?

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  7. Eliseo Carranza Guerra20 feb. 2013 12:34:00

    Dora Larsson lo observa desde el escritorio. Comprueba cuán incongruente es la imagen que se hizo de él esa mañana cuando hablaron por teléfono. Frente a ella está un hombre de mandíbula ambiciosa, de frente amplia y entradas con incipientes canas. Por su nariz recta, entiende que se trata de un individuo de carácter decisivo y que por la finura de sus labios y sonrisa fácil, es un sujeto que no se resiste a los vicios controlables. Pero lo más destacable del recién llegado son los ojos, de un violeta profundo y misterioso, como ella ha imaginado que deben de tener los escritores de novelas policiales.

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  8. Era una ruina humana, el tiempo había calado sobre su piel reseca, llena de bolsas y arrugas, su cabello grisáceo caía hasta sus senos flácidos, casi extintos, sus manos temblorosas empuñaban el cigarrillo en un largo ritual hasta llegar a sus labios, resecos y marchitos.
    Antes fue la reina del Pelícano Azul, ahora yacía en una vieja silla a un lado del bar embriagándose, quejándose de su desdicha con jirones de frases casi inentendibles.
    El tiempo le había cobrado factura, la ramera deseada, la altiva, la hedonista, ahora solo era un despojo humano sin brillo sobre su mal oliente trono que rechinaba con cada ataque de tos reseca.

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  9. De corpulenta presencia y enjuta timidez, a mi amigo “el rubio” parece que le pesan los andares, pero ya son muchas las calles por donde ha regalado su simpatía.
    Él, que siempre quiere mantener el equilibrio entre el ejercicio físico y el zumo de la cebada, nos atusa con su locuaz conversación sobre lo esencial de lo primero y la perdición de lo segundo.
    De su mentón prominente dirías que estas con el malo de Rocky IV, pero el bonachón sólo irradia ganas de pasar largos ratos con él. El toque tan afable de su trato me despierta instinto de estrujarle con más de un fuerte abrazo, aunque se queje como una niña consentida.
    @trancos74

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  10. OS PRESENTO A JULIA

    Conozco a Julia desde hace muchos años y definiéndola de una manera rápida, puedo decir que se trata de esas personas que tienen ángel.

    Habiendo cumplido ya los sesenta, sigue manteniendo una piel tersa envidiable, y en su pequeña y bien proporcionada figura, de pecho erguido y breve cintura, apenas se nota el paso del tiempo, conservando la atractiva imagen armoniosa que siempre la ha caracterizado.

    Cuando la gente le pregunta sobre cuál es el secreto que le hace permanecer así de bien, ella no puede evitar ruborizarse y, encogiéndose de hombros, sus finos labios perfilados de suave carmín esbozan una amplia sonrisa como única respuesta.

    Julia es más bien parca en palabras, pero su actitud atenta y sosegada escuchando a los demás hace de ella una excelente compañía. Ella no es amiga de dar grandes consejos, pero sus certeras y serenas palabras te hacen la vida más fácil.

    Aunque el verdadero magnetismo de Julia radica en sus grandes y rasgados ojos negros. En esa mirada limpia y risueña que todavía conserva la ingenuidad natural que todos poseemos de niños, pero que la mayoría de las personas perdemos inevitablemente al hacernos adultos.

    @juanaigarreta

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  11. Mr. Gray era un hombre joven -alrededor de los 30-, bien parecido, lleno de vida. Ojos claros, nariz recta, labios delgados. Simetría perfecta. Detrás de su bien cuidada elegancia, se podía adivinar un cuerpo atlético, acostumbrado al ejercicio físico duro y continuo. Pero lo más impactante de su aspecto era su bonhomía. Había algo en sus expresiones, en su mirada y en su forma de hablar que denotaba bondad. Estando con él, uno no podía más que pensar: "¡Qué buena persona!"


    En su biblioteca personal había colocado un enorme cuadro en el que se apreciaba el retrato de un hombre, ya maduro, de unos 60 años, quizás. El parecido con Mr. Gray era innegable. Tenía los mismos ojos inteligentes, las mismas facciones finas y la misma estampa de garbo y gallardía. Sin embargo, su gesto era duro. Sus labios delgados, también, pero apretados dejaban ver la tensión de las mandíbulas. El bastón, el cuerpo -un tanto doblado- y el rostro levantado con arrogancia retrataban un hombre habituado a los enfrentamientos, a las disputas y a los zafarranchos. Un hombre orgulloso dispuesto a todo con tal de ganar.


    "Un hombre recio, su padre", quise suavizar mientras me inclinaba a mirar la ficha del cuadro. Oí vacilar a Mr. Gray. Volteé. Y, por un instante, el que estaba ahí, frente a mí, era el viejo insensible del cuadro. Giré hacía el retrato y vi sonreír al viejo. Una sonrisa cruel. Sentí el impacto en la cabeza (¿sería el bastón?) y, antes de desmayarme, logré enfocar lo que estaba escrito: "Dorian Gray".

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  12. Sabía lo extraña que era su figura en ese lugar. Sus cejas pobladas y escurridas contrastaban con el azul de sus ojos, de los cuales, parecía que se habían enganchado las más profundas y oscuras historias criminales. En los poros abiertos de su larga nariz, podían escribirse todos los nombres de víctimas, cómplices y atrocidades que al parecer había cometido. Tenía varios días sin afeitarse y entre su barba enrojecida, se escondían cicatrices de una viruela que seguramente le había dañado algo más que la piel. Su boca estaba pegada a un cigarro y despedía el amargo tufo del whisky barato. Pero quería dar un aspecto pulcro aquel día. Iniciar una nueva profesión en ese puerto. Había escogido un traje café que, aunque le quedaba largo, creía que le daba cierta seriedad para la cita. Los que, igual que él, esperaban en la sala, lo miraban con recelo.
    Más tarde, cuando salió de ahí rechazado, sintió el mismo odio, la misma repugnancia por las personas que lo miraban desconfiados. Se rascó la cabeza grasosa y los polvos blanquecinos de una caspa perenne cayeron en la solapa del traje. Entonces fue cuando planeó su venganza, nadie iba a negarle aquel trabajo, él sólo buscaba ese trabajo inocente y sencillo limpiando los baños del jardín de niños del puerto.
    Patricia Butrón
    @PatoButron

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