2.23.2013

Motivos del cese temporal de los Talleres Literarios


El motivo por el que se suspenden temporalmente los Talleres Literarios es que yo tenía una persona que me ayudaba a llevarlos a cabo. Por razones de fuerza mayor, esa persona no puede seguir haciéndose cargo de esa labor. Y yo solo no puedo. Espero que en un futuro pueda retomar esa tarea que me agradaba tanto como a vosotros y vosotras. Un gran abrazo. Félix Morales Prado

2.22.2013

El mejor retrato



LA MALA DE LA PELÍCULA

Es fácil entender por qué sólo le ofrecen papeles de mala a Karen Gilbert. La piel aceituna encaja a modo de puzzle con el agrio carácter. La actríz secundaria Karen y su voz de trueno, reniegan de su nombre. Lamala, a secas, es la denominación de origen.
De ojos de pescadito, cabello azafranado, cejas extrafinas, pestañas despobladas, minúsculas orejas, naríz gibosa, labios cuarteados. Un pomposo perfume envuelve toda su anatomía con una buena dosis de empacho ajeno.
Pero no todo en Lamala es hostil. Su irresistible atractivo reside en el cuerpo de gacela. En las manos de artista. En sus soberbias interpretaciones. En su mente prodigiosa.

@MiniFicci

2.16.2013

EL RETRATO LITERARIO


En cualquier narración es prácticamente inexcusable el retrato de los personajes, ya sea una prosopografía (retrato físico) o una etopeya (retrato psíquico). O, bien, una mezcla de ambas.

Pongo aquí unos cuantos ejemplos tomados de la Historia de la Literatura para que nos sirvan de modelo:
Sabéis que de Don Miguel de Cervantes Saavedra no existe un retrato pictórico. El único es literario y es un autorretrato que se hizo él mismo. Helo aquí:
"Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha , y del que hizo el Viaje del Parnaso , a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria".
Miguel de Cervantes Saavedra


El siguiente conocidísimo soneto lo dedicó Francisco de Quevedo a su amigo Luis de Góngora

SONETO

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.
Francisco de Quevedo


Genial el retrato que el mismo Quevedo hace del Dómine Cabra en su novela “El buscón”

RETRATO DEL DÓMINE CABRA
Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, los ojos avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos, tan hundidos y oscuros que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz, de cuerpo de santo, comido el pico, entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que aun no fueron de vicio porque cuestan dinero; las barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que de pura hambre parecía que amenazaba a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate largo como de avestruz, con una nuez tan salida que parecía se iba a buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de medio abajo parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas. Su andar muy espacioso; si se descomponía algo, le sonaban los huesos como tablillas de San Lázaro. La habla ética, la barba grande, que nunca se la cortaba por no gastar, y él decía que era tanto el asco que le daba ver la mano del barbero por su cara, que antes se dejaría matar que tal permitiese. Cortábale los cabellos un muchacho de nosotros. Traía un bonete los días de sol ratonado con mil gateras y guarniciones de grasa; era de cosa que fue paño, con los fondos en caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca parecía negra y desde lejos entre azul. Llevábala sin ceñidor; no traía cuello ni puños. Parecía, con esto y los cabellos largos y la sotana y el bonetón, teatino lanudo. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él. Conjuraba los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba. La cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado por no gastar las sábanas. Al fin, él era archipobre y protomiseria.
Francisco de Quevedo

Aquí un breve retrato de un personaje borgiano:
“Tichborne era un esbelto caballero de aire envainado, con los rasgos agudos, la tez morena, el pelo negro y lacio, los ojos vivos y la palabra de una precisión ya molesta; Orton era un palurdo desbordante, de vasto abdomen, rasgos de una infinita vaguedad, cutis que tiraba a pecoso, pelo ensortijado castaño, ojos dormilones y conversación ausente o borrosa”.
Jorge Luis Borges


Ahora es Julia, Personaje de “La saga /fuga de J.B.” de Gonzalo Torrente Ballester, la retratada:
“Y quizá sea éste el momento y lugar adecuados para insertar un retrato de Julia, de cuyo rostro, hasta ahora, sólo se han hecho escasas y fugaces precisiones, cuando otra cosa merecen su frente, un poquito respingona, que daba gracia al conjunto, ahora algo triste; los ojos de rosa sobre fondo mate, ojos alabastrinos surcados de azules venas; las orejas oscuras y brillantes, convidando a libar en ellas las mieles primeras del amor; la nariz espaciosa, con una breve arruga vertical, dramática como si dijéramos; la boca endrina y fosca, con la suave y brillante pelusilla del melocotón maduro; las mejillas inteligentes, espabiladas, decididas; los pómulos, rojos y gordezuelos; el pelo, con rosados matices de nácar; la barbilla, larga y oscura, que cuando se levantaba salía el sol, aunque en plural; el cuello, partido por un hoyuelo que se ofrecía fragante como depósito de besos, ylas pestañas redonditas, con mucho de garza en la esbeltez. Esto era cuanto mostraba Julia de su belleza, porque, al cerrar los ojos, las perlas de sus dientes no podían desgranarse”.
Gonzalo Torrente Ballester


Azorín retrata a Eugenio D’Ors
“A seiscientos treinta metros de altura, en esta altiplanicie castellana, ante este paisaje austeramente noble, hemos conocido —y con él cordialmente hemos charlado— a un hombre que venía de las doradas riberas del Mediterráneo. Era un joven alto, trajeado con aliño y sin atuendo; su musculatura destacaba proporcionada; en la placidez de su cara brillaba una mirada inteligente. Ni era presuroso en el ademán, ni locuaz. Su voz sonaba levemente; a menudo, los finales de sus frases —opacas, tenues— se perdían en una a manera de penumbra. Tras de lo dicho con brevedad, flotaba como un ambiente de meditación y de recogimiento. Cuando hacía una observación, se veía en la palabra sucinta, en la reflexión rápida, el trabajo recopilador de una copiosa lectura. Hay hombres que atraen y hechizan más —o, por lo menos, tanto— por sus silencios como por sus palabras. Este joven que subía a la altiplanicie castellana desde el piélago azul era uno de ellos. En su presencia estábamos, no ante un hombre que habla, sino ante un hombre que medita”.

Retrato de Eugenio D’Ors por Azorín


Y aquí el retrato que Michael Ende hace de Momo en la novela del mismo nombre:
"En verdad, el aspecto externo de Momo era un poco extraño y tal vez podía asustar algo a la gente que da mucha importancia al aseo y al orden. Era pequeña y bastante flaca, de modo que ni con la mejor voluntad se podía decir si tenía ocho años o ya doce. Tenía el pelo muy ensortijado, negro como la pez, y parecía no haberse enfrentado nunca a un peine o unas tijeras. Tenía unos ojos muy grandes, muy hermosos y también negros como la pez y unos pies del mismo color, pues casi siempre iba descalza".
Michael Ende


CÓMO CARACTERIZAR A UN PERSONAJE
1.- Realiza un inventario físico de tu personaje
2.- Acumula datos psicológicos del protagonista vinculados a la historia que deseas contar
3.- En un papel en blanco traza dos líneas, una horizontal y otra vertical
4.- En la línea vertical, enuncia sustantivos y adjetivos que dibujen la anatomía del personaje
5.- En la línea horizontal, verbos y adjetivos que definan su personalidad
6.- Encuentra un punto de intersección entre ambas líneas que resuman al personaje
7.- Con esas premisas, sintetiza en una frase y párrafo y caracteriza a tu personaje exaltando esa parte de su físico que se vincula con su personalidad.

Con estos datos, haced un retrato literario de algún amigo, conocido, personaje famoso o autorretrato. Esta vez, como en otras anteriores, en forma de comentario a este post en el blog.

Saludos cordiales a todos y todas y un buen y fértil trabajo.

Félix Morales Prado


2.15.2013

¿Cómo dijo?

2.09.2013

El eufemismo


El eufemismo es una de las manifestaciones más interesantes de la creatividad lingüística; es una figura retórica que consiste en sustituir una palabra o expresión que tiene connotaciones desagradables, o para disimular la vulgaridad o crudeza, mediante el uso de otras palabras menos ofensivas. Suele usarse para evitar decir palabras consideradas de mal gusto o tabú que pudiesen ofender o sugerir algo peyorativo o una realidad cruda y desagradable. Es una creación fina y sutil; muchas veces voluntariosa, idealista; otras veces manipuladora y maquiavélica.

Algunos eufemismos tienen la intención de ser cómicos y se usan como instrumento de manipulación del lenguaje para hacer más fácil la aceptación de situaciones molestas o incómodas. También se emplean para suavizar blasfemias o insultos, en cuyo caso, además del eufemismo, se hace uso de otra figura retórica: la ironía.

Ejemplos de eufemismos usados en obras literarias:

1-Del órgano sexual masculino
La lengua castellana es tan copiosa,
En voces y sinónimos, tan rica,
Que con nombres diversos, cualquier cosa
O con varias metáforas explica
Monarca Soberano, y Rey… ¡qué encanto!
 Todo es un mismo nombre repetido;
Y tres veces también con un sentido
Son, Pontífice; Papa, y Padre Santo.
 O alimaña,
Que tiene más sinónimos, y nombres
Que títulos tenía el Rey de España.
 (…)
 La butifarra, el tronco, y la batata
O el lagarto, le llama cualquier topo
el aquello, o la cosa, la Beata
y el Fraile, la correa, y el hisopo.
 Muchos suelen llamarle, el trompo, el sapo
otros, el motillón, y el calabrote;
los músicos, la flauta, o el fagote
y el artillero espeque, o sacatrapo.
 Siguiendo a la metáfora la hebra
Llámanle, el narigón, el nene, el chato
el tramojo, el merengue y de barato,
van péndulo, panal, bicho y culebra.
Francisco Acuña de Figueroa

2. Del órgano sexual femenino
Ese lugar que tienes,                    
cielito lindo,                          
entre las piernas,                      
ese lugar tan íntimo                    
y querido,                               
es un lugar común.              
Ángel González

3. Del trasero
y mísero de mí ¿por qué he nacido
con el fin de la espalda descosido?
Gloria Fuertes

4. De la muerte

Bailó la pataleta
Romancero general
Cerró la postrera cláusula de la vida
P. Bernardo Sártolo
Desató el nudo ciego de entre el cuerpo y el alma
Fray José de Sigüenza
 
5. De cagar
 Tornó otra vez a probar ventura, y sucedióle tan bien, que sin más ruido y alboroto que el pasado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le había dado; mas como Don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él, que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo excusar de que algunos no se llegasen a sus narices, y apenas hubieron llegado, cuando él fue al socorro apretándolas entre los dos dedos, y con tono algo gangoso, dijo: Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo. Sí tengo, respondió Sancho: ¿mas en que lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca? En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar, respondió Don Quijote.
 Miguel de Cervantes
 

Las técnicas para la construcción del eufemismo son variadas: la sinonimia (expirar por morir), el circunloquio y la perífrasis (mujer de vida alegre por prostituta), la sinécdoque (vientre por sexo), la antonomasia (miembro por pene), la metáfora (cántaros de miel por tetas), el infantilismo (pipí por orina), la negación (invidente por ciego), etc.

Bien. Pues durante la siguiente semana (11- 15 feb), el Taller Literario se enfocará en la composición de tuits literarios eufemísticos de cualquier género. Las etiquetas a usar serán #TallerLiterario y #Eufemismo, teniendo cuidado de dejar un espacio entre ambas para que aparezcan en las búsquedas de twitter. También les hacemos hincapié en no descuidar la ortografía, pues resulta muy lamentable que sus textos, siendo estupendos en el fondo, no lo sean en la forma. 

Esta semana tampoco habrá mención especial diaria, sino que repetiremos la fórmula de la semana pasada: el viernes pondremos un post con los mejores tuits de la semana. 


Félix Morales Prado y Yuli Castro 




2.08.2013

RECUENTOS


























2.03.2013

Reinvención de cuentos




Decía Eugenio D’Ors que todo lo que no es tradición es plagio. Se trata, por supuesto, de una especie de hipérbole que hay que saber interpretar. Y, al margen de otras lecturas, podría  querer decir que todo está dicho ya en literatura y que quien no acepta esto y que lo que un escritor hace siempre es aportar con su voz un sesgo nuevo al material que la tradición le dona, quien pretende ser completamente original y nuevo, lo que está haciendo, sin saberlo, es plagiar lo que ya han dicho otros. No deja de ser una exageración, ya lo hemos anotado, aunque buscada. En cualquier caso, sí es cierto que no tener en cuenta que la tradición está ahí, afortunada e irremediablemente, es taparse los ojos y, por tanto, negarse a evolucionar. Si observamos detenidamente la historia de la literatura podremos ver cómo, efectivamente, las obras de una época son descendientes, de una u otra forma, de las de otras épocas anteriores. Lo vemos de una forma absolutamente transparente al comparar, por ejemplo, el “Ulises” de James Joyce con “La Odisea” de Homero o “Don Quijote de la Mancha” de Cervantes  con “Sinuhé el egipcio” de Mika Waltari. Pero también al ver la presencia de tantos elementos de la mitología griega, por poner un caso, en los poetas renacentistas, a los que llegaron a través de los autores clásicos. O al constatar que la estructura de todo relato es, más o menos modificada y barajada a lo largo de la historia, la que expone Vladimir Propp en su libro “Morfología del cuento”. Ciertamente, el estudioso ruso elaboró sus funciones para analizar los cuentos de tradición oral. Pero el esqueleto que se desprende de aquellas es perfectamente aplicable al resto de la narrativa. La Odisea, ya mencionada, por poner un caso, encaja en él sin problemas, como si se tratara de un cuento maravilloso mucho más largo. Y no sólo esa obra sino cualquier narración literaria, con las modificaciones, eso sí, que cada autor ha ido introduciendo, de forma más o menos consciente, en los modelos previos. No es este el lugar para detenernos en las funciones de Propp y aplicarlas en el análisis y construcción de relatos. Lo mencionamos de pasada porque el ejercicio de esta semana consiste en la modificación o reinvención de cuentos de la tradición oral. Se trata de jugar, de manera más o menos simple, con la tradición y de crear a partir de ella modificándola. Claro que el proceso de creación no es, por lo habitual, tan evidente, consciente y sencillo. Esto no pasa de ser un ejercicio, un juego para acercarnos de manera divertida a esa faceta del quehacer literario.

Partiendo de algún cuento archiconocido, como “Caperucita Roja”, “Pulgarcito”, “Blancanieves”, “Cenicienta”, “La bella durmiente”, etc, escribiremos un microrrelato en el que se altere dicho cuento, se distorsione, se cambien uno o varios de sus elementos por los opuestos, etc. Una caperucita que se come al lobo, un pulgarcito que huye de su casa o abandona a sus padres en el bosque o una Bella Durmiente con insomnio son sólo algunas posibilidades de la infinidad que podemos manejar.

Se usará la etiqueta de siempre: #TallerLiterario y al final de la semana haremos un post especial aquí en el blog, donde pondremos los mejores cuentos de la semana. Es decir, no habrá mención especial diaria, sino que los mejores textos irán directamente al blog. 

Félix Morales Prado